19 Octubre 2017

"Nosotros no entramos en juicios personales, solo buscamos la verdad"

17/09/13

A un lustro escaso de cumplir medio siglo en el ejercicio de su profesión, el detective en activo más veterano de España repasa su trayectoria

Discreto, metódico, analítico y con un sentido de la ética a prueba de bomba, Luis Fernández de Laría ha dedicado más de 45 años a la investigación privada. Su licencia profesional, expedida por el Ministerio del Interior en el año 1967, luce el número 35. Ha recibido, entre otros reconocimientos, la Cruz de la Orden al Mérito Policial y la Medalla de Plata de 1ª Clase al Mérito Profesional. -¿Cómo sintió esa inquietud investigadora en un tiempo en el que el detective era visto como un personaje casi novelesco? -Mi padre pertenecía a las Fuerzas de Seguridad del Estado y yo tenía intención de presentarme a las pruebas para ingresar en la Policía Nacional. Pero la posibilidad de vivir sometido a continuos cambios de destino como había sucedido con mi familia me impulsó a replanteármelo y a dirigir mis pasos hacia el ámbito privado. -Hablamos de la década de los 60 y en España no existían estudios reglados para esa especialidad. -No, así que tuve que salir para formarme en los Estados Unidos. Luego realicé las prácticas correspondientes en una agencia de detectives y vigilantes de seguridad. -¿Qué virtudes definen a un buen profesional? -Considero que el detective ha de ser una persona, como mínimo, discreta, metódica, analítica y observadora. -¿Recuerda su primer caso? -Sí. Cuando yo comencé, la mayoría de asuntos giraban en torno a la infidelidad, que en aquella época estaba tipificado como delito de adulterio, y mis primeros 40 o 50 casos estuvieron relacionados con él: la gente identificaba al detective con los cuernos. El primero fue precisamente el de una mujer que quería confirmar que su marido le engañaba y pillar al hombre con su 'querida' resultó una labor de chinos: cuando lo localizamos en un hotel hubo intervención de la Guardia Civil y todo. -¿Ha sido descubierto alguna vez? -No, pero sí hay momentos en los que sientes cierta duda y tienes que suspender el seguimiento, o cambiar la estrategia antes de quedar fuera de juego: se dejan pasar unos días, se cambia de personal y de vehículo para que el objeto de la investigación se relaje. -¿Ha llegado a estar en peligro? -No, nunca. Es más: en ocasiones he coincidido en el Juzgado con alguien 'pillado' en un caso de baja laboral falsa, por ejemplo, y me ha torcido el gesto; entonces yo le he preguntado si mi informe es cierto y ha reconocido que sí. Y, si en el futuro necesita mis servicios, yo le trataré con la misma profesionalidad y dedicación. Nuestra labor no es juzgar, ni opinar sobre lo que nos encargan investigar: solo constatamos unos hechos, buscamos la verdad. Evolución -Supongo que la evolución de medios y técnicas habrá sido enorme desde que usted comenzó con sus primeros casos. -Sí, al principio teníamos que vigilar desde una furgoneta con cristales oscuros y cortinillas para ocultar la cámara, entonces de gran tamaño. Pero hacíamos unas grabaciones perfectas. De hecho, la primera prueba videográfica admitida en un juzgado se realizó aquí, en Logroño, y fue presentada en la Magistratura de Trabajo: se grabó para rebatir un caso de invalidez y la sentencia creó jurisprudencia. -¿Ha pensado ante algún caso que debía tratarse de una broma? -En una ocasión llegó al despacho una persona que aseguraba que habían estado envenenándole. Durante tres horas expuso todo un tratado sobre los venenos, hasta que le interrumpí para preguntarle por los motivos que podían existir para acabar con su vida: dinero, enemigos... Pero él aseguraba que no había nada de eso. Como no salía de su obsesión, le recomendé que acudiera a un médico. -Los casos también habrán variado al compás de los tiempos, ¿no? -Sí. En los años de mayor bonanza económica, cuando se cambiaba de empresa con relativa facilidad, nos encargaban muchas comprobaciones de historiales laborales. Y ahora, con el auge de Internet, la comprobación de datos reseñados en los perfiles es muy habitual, sobre todo cuando surgen sentimientos hacia alguien conocido en la red. También hemos trabajado en bastantes búsquedas de familias biológicas y niños robados. -¿Se ha sentido conmovido por algún caso? -Sí: los detectives tenemos nuestro corazoncito y, aunque no sé si esto conviene confesarlo, en alguna ocasión he realizado un trabajo sin cargo alguno porque la persona que acudía a mí carecía de recursos y su problema era realmente serio. Y siempre tratamos de resolver en el menor tiempo posible. Un cliente satisfecho aporta más beneficio que una factura abultada.

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